Cada vez lo veo más claro. Y con la presentación de ayer de la nueva versión del sistema operativo para el iPhone 3.0, más todavía. El futuro de la industria pasa por el contenido descargable, tanto de juegos completos como de extensiones y extras. No sólo es un negocio que minimiza el coste de distribución y permite llegar a mucha más gente sin necesidad de pasar por el intermediario de los establecimientos especializados. Quizás sea un duro revés para cadenas como GAME o GameStop, que desde siempre han apoyado a la industria, pero me parece evidente que las distribuidoras cada vez tienen más intención en soltar definitivamente ese lastre.
Estamos contemplando cómo los servicios online de las videoconsolas de sobremesa van aumentando poco a poco su oferta de contenidos. Extensiones para juegos como las de Fable II, Burnout Paradise o Grand Theft Auto IV son prácticamente juegos completos, que hace pocos años se vendían por separado como packs adicionales al juego original. En una segunda categoría, tenemos tráilers, nuevos personajes, escenarios, vehículos y misiones. Y por último, juegos clásicos o de estudios más modestos que no pueden permitirse una distribución física. Todo este abanico de posibilidades se va a trasladar en pocos meses a las videoconsolas portátiles.
Decía que con la llegada del iPhone OS 3.0 ha quedado patente que el dispositivo de Apple marcará un punto de inflexión en la industria. Su conectividad a redes de telefonía y Wi-Fi y la actualización del software le permitirá descargar juegos y complementos para los mismos desde cualquier lugar, y desde el propio juego. Este detalle es un paso de gigante con respecto a lo que teníamos hasta ahora: descarga de contenidos extra tan sólo en videoconsolas domésticas.
Con el iPhone se extiende el territorio del DLC (Downloadable Content) a cualquier lugar con conbertura de telefonía. Imagináos estar en el tren de camino al trabajo y que os apetezca jugar a algo. Entraríais en la Apple Store y compraríais un juego por unos 6€. Esta capacidad de incitar al consumo en cualquier momento y en cualquier lugar es un apetecible bocado para la industria, que hasta hace bien poco tan sólo podía llegar al consumidor a través de la tienda en cuestión.
¿Consumismo puro y duro? Desde luego. Se nos incitará al consumo mediante pequeños pagos allá donde vayamos. Ahí está el negocio del videojuego del futuro inminente.